
Ahora que parece que mis ocupaciones se han reljado un poquito retomaré este blog que tan abandonado he tenido en el último año. Lo cierto es que aunque muchas veces pensé en abrir una nueva entrada pero cuando se presentaba la ocasión, o no tenía el tiempo necesario para hacer una entrada interesante o el contenido carecía de valor.
Esta semana he acudido a un curso de verano bastante bueno; "El Antes y el Después de la Comunicación Humana y sus Consecuencias Psicosociales". Muchas personas, con decirles el título ya presuponían que sería un bodrio. Y quizás dicho así, uno puede pensar cualquier cosa y estaría en su derecho. En este curso se reunieron catedráticos, doctores y profesores de distintas áreas como pueden ser: la psicología, la psiquiatría, la bioquímica, el periodismo, el arte y el derecho.
Cada una de ellas aportaba datos significativos de su campo y que todos estaban referidos a la comunicación. No es tanto mi interés el resumir cada una de las ponencias o establecer una crítica como pudiera parecer que el inivtar a una reflexión para todos aquellos que ahora mismo estan leyendo este blog y no asistieron.
El ser humano no está cerrado a su biología, un tigre podrá ser más o menos docil en función de si está hambriento, en cambio, los seres humanos somos capaces de llevar a cabo huelgas de hambre por motivos puramente ideológicos haciendo caso omiso de nuestra propia necesidad. El llanto por ejemplo, esa característica tan sabida por todos como uno de los recursos más empleados en nuestros primeros meses de vida, se ha demostrado que no únicamente sirve para expresar dolor. Muchos hemos sido los que hemos creído que el bebe lloraba explícitamente cuando se encontraba mal, pero esto no es así. El llanto es uno de los primeros mecanismos que al bebe, desnudo ante el mundo, le han sido dotados para establecer sus primeras comunicaciones con el medio. De esta manera el bebe, no expresa las sensaciones desagradables mediante él sino que también se sirve de este recurso para decir "hazme caso", "estoy cansado" o "no puedo dormir". Curioso es saber que pasados dos meses el bebe aprende a manipular con esta habilidad. (Ahora es cuando nos llevamos las manos a la cabeza (!) )
Esto nos permite mayor plasticidad a la hora de tomar nuestras propias decisiones y la peculiaridad de poder expresarlas y sentirlas. Pero ¿cuándo se inicia esta necesidad por interactuar con el medio que nos rodea?
Las primeras conexiones se establecen ya en el feto. Madre y feto se comunican celular y posteriormente molecularmente iniciando un intercambio que a lo largo de los meses irá evolucionando hasta conectarse emocionalmente. Dicho así muy sucintamente, esto no trae ninguna novedad, muchos estudios han probado o de alguna manera todos presuponemos que este tiene que darse necesariamente. Pero realmente es el inicio de una necesidad biológica que convivirá con nosotros de por vida. La grandísima mayoría de animales, por no decir todos, poseen una especiación genética que les permite sobrevivir de manera natural. El hombre es un ser inespecializado, esta puede ser una de las grandes diferencias que nos sitúan como seres racionales.
La neurociencia o neuropsicología recoge que existe un neurotransmisor llamado GABA, y que todos poseemos, que nos permite el poder "pensar fríamente" en situaciones en las que nos vemos desbordados por nuestros impulsos más primarios. ¿Quién no ha sentido nunca la necesidad de pegarle un puñetazo a uno de sus amigos tras una conversación bastante caldeada? Allí es cuando entra en acción este neurotransmisor haciéndonos ver que a pesar del enorme cabreo que sentimos sigue siendo nuestro amigo por encima de ello.
Pues bien, ninguna persona puede ser un ser en sí mismo sino que necesita las relaciones con los demás para poder ser ella misma. Esto que puede parecer tan metafísico tiene una realidad biológica; el cerebro es el último órgano en desarrollarse y las estructuras que vayan creándose en él configurarán nuestra personalidad, nuestra propia identidad, pero eso, solo puede llevarse a cabo en un medio social. Es decir, que depende exclusivamente de las relaciones sociales.
De hecho, creo que a nadie le extrañará si digo que ayer ví a un hombre hablando solo por la calle, cada vez más común por otra parte. La gente siente la necesidad de hablar sea como sea, y ese es el principio fundamental de la psicoterapia. Andamos deseosos de poder contar a los demás nuestras inquietudes y trivialidades porque el agrado que se desprende al hacerlo nos incita. ¿Quiénes no han sentido mejoría contando un problema a un amigo aunque este no pueda hacer nada por ayudarnos? Cierto es, que la comunicación intrapersonal nos refuerza. Pero sin compañía, siento mucho informar de que podemos caer en una patología.
Mucho más podría seguir ampliando sobre cada unos de los párrafos que acabo de escribir, pero creo que con estas pequeñas pinceladas ya nos dan qué pensar. Acutalizaré con más asiduidad y así iré ampliando con estudios interesantes estos aspectos.
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